Mi segunda experiencia con el destete

Hoy, 15 días después del destete total de mi pequeña de 22 meses, me siento a escribir sobre ello.

Antes de empezar a escribir el post, he releído los posts que escribí sobre el destete de mi hijo mayor, que ahora tiene cuatro años. Primero hablé de cómo había sido nuestro destete nocturno, y luego el destete total. Me ha resultado curioso ver como algunas cosas se han repetido, pero otras han sido totalmente diferentes.

Os hago un resumen más o menos de cómo fue con el mayor. A sus 17 meses aproximadamente, él solito se había destetado durante el día y solo hacía tomas nocturnas (muchas). En ese momento me quedé embarazada de la peque, y con las molestias que tenía en el pecho por el embarazo, decidí eliminar las tomas nocturnas. En el post explico todo el proceso. Una vez conseguido, solo quedaba la toma de después de la cena, con la que se quedaba dormido, que fue la última que quitamos. Fue un destete muy progresivo, por lo que yo en ningún momento noté molestias en el pecho.

Con la niña ha sido muy diferente. Os pongo en situación. Cada una tiene sus motivos para pensar en destetar. Yo os cuento los míos, por si es de ayuda.

Finales de junio, cuando tomé la decisión.

La peque con 20 meses, muy demandante con el pecho, sobre todo de noche, pero también por el día, si me tenía a mí cerca. Cogimos (el papá, el mayor y yo) un virus bastante fuerte en casa de vómitos, con varias visitas a urgencias y casi deshidratación del peque, y preferimos dejarla un día a dormir en casa de los abuelos antes de que lo pillara ella también. Al final por suerte se libró, pero esa noche se la pasó llorando 🙁

Coincide que por esas fechas tengo previsión de hacer un viaje en septiembre por trabajo, en el que estaré fuera dos días enteros y una noche. En ese momento visualizo a mi marido volviéndose loco en esos dos días de la peque sin la teta, y yo por supuesto sufriendo e intranquila, además de con los pechos a punto de explotar. Así que sumando el cansancio acumulado después de casi 4 años amamantando con solo unos meses de descanso (6 meses exactamente, durante el embarazo), la sensibilidad que venía experimentando yo en el pecho después de que me volviera el periodo (supongo que las hormonas tendrían algo que ver), y viendo que mi pequeña ya comía de todo y se alimentaba muy bien, me propuse iniciar un destete progresivo, con fecha tope de primeros de septiembre. La decisión fue mía. Yo ya no lo estaba disfrutando, e incluso cuando pasaba toda la noche enganchada, acababa de muy mal humor. No sé si es a esto a lo que llaman “agitación del amamantamiento“, pero han sido todo este cúmulo de cosas las que me llevaron a tomar la decisión.

Primeros de julio. Empiezo a reducir tomas diurnas.

Como el destete nocturno lo veía más difícil, decidí empezar por reducir las tomas diurnas. Algunos trucos que utilicé fueron:

  • Evitar estar sentada y con ella encima, porque esto siempre lo asociaba con tomar el pecho.
  • No ofrecer.
  • Cuando era ella la que me demandaba, intentaba distraerla con otra cosa, jugando, ofrecerle agua o comida… Si aceptaba, genial. Si veía que iba a ser complicado, le daba el pecho. Así poco a poco iba sustituyendo algunas tomas.
  • También, si yo sentía molestias, o no estaba cómoda mientras mamaba, le decía que tenía pupa. Quizás, si no lo conocéis, os venga bien leerle el cuento “La teta cansada”. Cuando son más grandecitos ya van entendiendo.
  • Las siestas, intentaba que la durmiera su papá, o si estaba yo sola, dormirla meciéndola en el carrito. Si no funcionaba, igual, le daba el pecho.

No recuerdo exactamente cuál fue el primer día que no tomó nada de pecho por el día, pero diría que pasaron unas 2/3 semanas.

A primeros de julio coincidió también el descolecho. Llevábamos un tiempo pensando en aprovechar este verano para pasar a los peques a su habitación, para que durmieran los dos juntitos. Hasta ese momento, dormíamos los 4 en nuestra habitación. Al no haber cole, nos pareció un buen momento. Tengo que decir que el descolecho nos ha ido genial, y si queréis os hablo más en otro post 🙂 Aunque no durmiéramos en la misma habitación, cuando se despertaba por la noche me iba a su cama, le daba el pecho y volvía a la mía, cuando no pasaba las noches enteras enganchada.

Finales de julio. Empiezo a reducir tomas nocturnas.

¡Lo de las tomas nocturnas lo veía casi imposible! Pero al final ha sido más fácil de lo que pensaba, y lo conseguimos.

Al acostarnos, cuando me pedía el pecho, le volvía a explicar que me dolía, y que podía mamar un poquito de cada tetita y luego a dormir. No penséis que no lloró, ni se enrabietó nunca. Igual que he hecho siempre, intentaba calmarla leyéndole un cuento, dándole besos, haciéndole cosquillitas, ofreciéndole agua, leche… Si veía que no había forma de calmarla, se la daba. Cuando se despertaba por la noche, igual. Primero intentaba otras opciones, y si no había suerte, le daba el pecho. Así fuimos cambiando algunas tomas por cosquillitas, o por agua…

Mediados de agosto. Destete total.

Hasta que después de algunos días, sin más, dejó de pedírmela para dormir. Un día, contándole el cuento, se quedó dormida en mi regazo, sin más. Si se despertaba, bebía agua, y seguía durmiendo. O incluso solo al verme cerca, se volvía a dormir. Fue entonces cuando a mí, aún después de haber sido yo la que iniciara el destete, me invadió la pena al ver que iba llegando el final de esta etapa…

Os contesto ahora algunas preguntas concretas que me han llegado sobre este tema.

  • ¿Cómo duerme las siestas? Lleva 2 o 3 días que no hace siesta, pero cuando la hace, la duermo en brazos o en el carrito.
  • ¿Cómo se duerme por la noche? Leemos un cuento, y luego agua, besitos y cosquillitas hasta que se duerme.
  • ¿No has notado molestias en el pecho durante el proceso? No, en ningún momento, porque las tomas han ido reduciéndose poco a poco, y no de un día para otro. El proceso ha durado casi dos meses. De esta forma, al pecho le da tiempo de ir adaptándose. Algunos días después del destete total noté que salía un poco de leche, pero no he hecho nada para extraerla. Al no tener molestias (dolor, hinchazón, rojeces), he preferido no estimular de ninguna manera.
  • ¿Cómo suplir ese vínculo afectivo? Con muchos mimos, besos, abrazos, caricias y atención.
  • ¿Le negabas tomas? Sé que unas de las recomendaciones para hacer un destete respetuoso es no ofrecer y no negar. En mi caso, diría que el no negar no lo he seguido al pie de la letra, porque al distraerla con otra cosa, u ofrecerle algo diferente, o diciéndole que tenía pupa, pienso que es una forma de negar, o distraer. Lo que sí hacía, si veía que no funcionaba nada, era dársela.
  • ¿Cómo has sustituido la leche materna? Con leche de vaca. Le gusta la leche fresquita y el yogurt natural, así que con eso está cubierta.
  • ¿La peque lo ha pasado mal? No sé si esta pregunta se refiere a si ha llorado o no. Sí, ha llorado, pero he intentado siempre calmarla por varias vías y si no funcionaba, teta.
  • ¿Duerme mejor ahora? La verdad es que sí… ¡No sé si tiene algo que ver el destete, pero duerme mejor! Al igual que le pasó a su hermano, después del destete, las noches han mejorado mucho. Ha dormido muchas noches del tirón, cosa que no hacía antes, y los despertares son menos cansados para mí. Antes al no estar yo cómoda mientras ella mamaba, aunque ella descansaba, yo no.

 

Y ahora algo que no me han preguntado, pero también os quiero contar…

¿Y cómo me he sentido yo?

Cuando ha llegado el destete total, ha sido una mezcla de sentimientos. Por un lado, alivio. Por fin he podido descansar mejor, y sé que los días que esté fuera ahora, ni la peque, ni yo, ni su papá, lo pasaremos mal. Por otro lado, tristeza. Cuando ves que tu pequeña ya ni siquiera te la pide, después de tanto tiempo amamantándola, sientes un pellizquito en el corazón. He estado mirando fotos de los primeros días de mis pequeños y de cómo han crecido gracias a la leche de mami, y he sentido también felicidad y orgullo de lo que conseguimos. Dudas. Por no saber si estás siguiendo el camino correcto, o si llegarás al punto que quieres conseguir.

Escribiendo este final, no puedo evitar emocionarme y llorar… Han valido la pena todas esas faltas de sueño, y esos malos ratos que pasé de mamá primeriza e inexperta. Aunque en su momento se me hizo un mundo, todo eso se queda en nada. Ahora ya, concienciada de que hemos cerrado una etapa preciosa, que yo al menos no olvidaré nunca, y que repetiría una y mil veces, con sus muchas luces y sus, al final, pocas sombras.

Disfrutad de vuestra lactancia mientras dure, y cuando penséis que haya llegado el momento, no busquéis recetas milagrosas, seguid una vez más vuestro instinto.

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